Segunda Sesión
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Martes 30 de Enero de 2024.
Clase de Investigación Social, Universidad de La Sabana.
Segunda sesión: La que avivó mi chispa por la comunicación.
La cantidad tan absurda de emociones nuevas que se habían aglomerado durante la semana anterior a la clase y que me habían estado robando la capacidad de concentración, por fín habían cesado. Llegué a la conclusión de que hablar las cosas de frente, ser transparente en todo, y procurar tener responsabilidad emocional, no solo influye en la vida personal, sino también académica. Y no hay mejor decisión que la de procurar hacer las cosas bien, pues, aunque puede dar miedo hablar, la comunicación es lo que hace que nuestras relaciones interpersonales den buenos frutos. Ahora bien, para la sorpresa de Juli de hace unos días, la clase de aquel martes no estaría tan alejada de su realidad. Pues la comunicación, en sus varias facetas, sería la protagonista. Y mi “yo” del pasado confirmaría que, cabalgando en ella, llega el aprendizaje, y no solo para la vida personal ¿A qué facetas me refiero?¿Cómo transforma la comunicación? Esas preguntas serían las que resolvería ese mismo día.
Eran poco más de las siete de la mañana, no hacía tanto frío como en la primera sesión, y no pude evitar sonreír al entrar al nuevo lugar asignado. Ese cuarto gris, oscuro y frío del edificio G, había sido reemplazado por el amplio, cálido y dorado salón del igual de radiante edificio Ad. Portas. Sé que eso, un cambio tan superficial, definitivamente cambiará mi perspectiva de la clase, pues “La memoria emocional es más fuerte” aprendí en ese primer salón del G, y sé que ahora recordaré con más cariño lo que suceda en el Ad. Portas 420.
La clase comenzó con la lectura de nuestra primera bitácora. Ariadna, una joven de piel blanca y facciones delicadas, ofreció su texto para ser leído y un compañero lo leyó en voz alta. La chica describía su mañana de aquel día como un caos completo, acababa de llegar de Cartagena y no había dormido en lo absoluto. Su descripción de aquel día fue bastante emocional y, aunque tenía errores de ortografía, me pareció evolvente. Una vez mi compañero terminó de leer la bitácora de Ariadna, un chico, Juan Esteban Plaza, quiso que leyeramos la suya. En lo que me ofrecí a leerla, el profesor propuso una nueva dinámica; cuando quisiera, podía decir Pop-corn y el nombre de alguna persona para que ella continuara con la lectura. Leí la primera parte y puse a Maria Lorena a leer. La descripción de Juan Esteban no me resultó tan agradable como la de Ariadna, sin embargo, el profesor quedó encantado con la investigación extra y los apuntes detallados de mi compañero, así que decidió ponerle un 5.0 inmediatamente.
El profesor nos hizo saber que en todo proyecto de investigación, debe haber cultura del registro, pues sin ella no hay aprendizaje, y sin aprendizaje no hay conocimiento, de eso se trataba el ejercicio de la bitácora “Pero Juan Esteban fue más allá”, dijo mi profesor “por eso decidí ponerle el cinco”. “¿Qué es ir más allá? Se preguntarán ustedes” Dijo mientras dibujaba una escalera en el tablero. En el primer escalón,
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escribió la palabra “Literal” y nos explicó que la descripción de los sucesos de la clase se limitaba a ese primer escalón, la forma en la que recibimos los sucesos a nuestro alrededor. En el siguiente escalón, escribió la palabra “Inferencial”, una vez recibimos la información, la forma en la que la interpretamos nos asciende a este segundo escalón. Allí le damos sentido a la información recibida y la apropiamos, luego, podemos ascender al escalón de lo intertextual, donde relacionamos y conectamos los conocimientos que hemos adquirido “Es para ésto que ustedes están en la universidad, es lo mínimo que deben lograr, el el colegio tal vez podían limitarse a interpretar, pero aquí su labor es armar bien su red de conocimientos”. En el cuarto escalón, escribió las siglas ACP “Este es el nivel analítico, crítico y propositivo. A lo que me refería cuando les dije que Juan Esteban había ido más allá”, me hace mucho sentido que este nivel sea tan cercano al aprendizaje, es divertido aprender cuando entiendes tan bien algo, que eres capaz de incorporarlo en tu punto de vista y en tu concepción de la realidad y compartir eso con otros.
“El último escalón, y todo el resto de la escalera, sería el pensamiento elegante”, dijo el profesor, pidiéndonos que no pensáramos en una persona en corbata y traje, sin embargo, fue la primera imágen que se me vino a la mente, pero se trataba de un gato en lugar de una persona, y el elegante felino llevaba una copa de vino en la mano “La palabra elegante viene del verbo latín eligere, que significa elegir” como si se tratara de recolectar los frutos de un árbol o las flores del campo, la palabra “eligere” hace referencia a arrancar, investigué luego. Es como si seleccionasemos ahora cómo utilizar todo aquello que sabemos para nuestra vida, mi sospecha de que una persona con más conocimientos era más libre parecía verse comprobada con ésta imágen. El pensamiento elegante sonaba liberador, la capacidad de elegir, tomar decisiones.
Leer sobre éste último concepto me hizo pensar que, si tan solo todos lo tuviéramos, el mundo en el que habitamos sería perfecto, pues, según lo que leí, el pensamiento elegante es sereno, no busca imponerse ni demostrar nada “Asistimos a la vulgarización de un individuo carente de referentes próximos que lo doten de las herramientas intelectuales para enfrentarse a una realidad compleja e hiperestimulante. La sensación de incompletud se acrecienta llevándolo por momentos a declararse indigente mental” (1) leí en la página que refería al libro. La forma en la que Jose Carlos Ruíz describía el pensamiento elegante parecía atacar directamente al virus de emocionalidad alebrestada que reina en la posmodernidad. Aún tendré que leer más al respecto, pero, tras analizarlo por un rato, caí en cuenta de lo triste de mi pensamiento, ¿qué hay de aquellos que no tienen acceso a la educación?, ¿o de quienes no tienen las capacidades cognitivas para desarrollar un pensamiento elegante en su totalidad? Acababa de considerarlos inferiores, nada más burgués de mi parte que eso. Tal vez la solución está en intentarlo, pues tampoco es mentira que el pensamiento elegante es liberador, intentar que otros aprendan y velar por esa causa sin considerar inferior a quien no puede hacerlo suena a una visión más servicial y considerada.
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“La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso.” proyectó el profesor en el tablero. No soy ni seré hombre, pero la frase de Francis Bacon reunía mis tres cosas favoritas y las ponía en un pedestal que me resultó maravilloso. Comenzamos a profundizar en cada elemento de esa frase, partiendo desde la escritura. Resulta que escribir mejora la memoria, estimula la creatividad, fortalece el pensamiento analítico, la comunicación efectiva y el autoconocimiento, potencia el aprendizaje y reduce el estrés y la ansiedad. Leer esa lista de frases me hizo imaginar la escritura como una pastilla para el dolor, un batido saludable, una verdura mágica o alguno de esos productos que suelen venderse como la solución a cincuenta problemas a la vez y que en realidad lo son, solo que requieren de constancia y disciplina en su consumo.
Ahora, así como es bueno escribir las palabras, es gratificante disolverlas y entregarlas; pues “conversar nos hace ágiles”, decía la siguiente lista. Conversar fortalece nuestra conexión social y empatía, desarrolla nuestras habilidades comunicativas y, así como la escritura, reduce el estrés. Si hay algo que disfrute más que la lectura, es una buena conversación. El profesor coronó la lista de beneficios con su propia frase, y fue ésta la que me quedó resonando; “El matrimonio es una eterna conversación”, “De ahí la importancia de que puedan tener una buena conversación con la persona con la que estén. La belleza y el físico se van, pero una buena conversación siempre se disfruta”, escuchar eso me hizo reflexionar un poco acerca de alguien, e inevitablemente, me revolotearon mariposas en el estómago y sonreí.
Solo faltaba comprender la primera y más ambigua parte de la frase; “La lectura hace al hombre completo”, resultó que “ser completo” se refería más a completarse con el otro que a algún deseo egoísta de satisfacción propia, se trataba de “leer al otro”, ponerse en sus zapatos. Recordé la frase de un libro que quiero leer, se ha popularizado recientemente y he oído de él varias citas, se llama “¿Cómo hacer amigos e influir sobre las personas?” de Dale Carnegie; tuve que refrescar mi
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memoria, pero, tras investigar, encontré que sí coincidía con este “leer al otro”, pues dice lo siguiente: “Si hay un secreto del éxito, reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como del propio” (Carnegie, 2006, Cómo Ganar Amigos).
Creo que esta nueva perspectiva de la lectura encendió en mí un nuevo entusiasmo por ella, y si ya me había parecido preciosa la frase del matrimonio, la que venía a continuación terminaría por enamorarme de lo que considero uno de los mayores anhelos de mi corazón; “Para que en Colombia haya paz, será necesaria mucha lectura”, me encantaría recordar de quién fue la frase, estoy segura de que se trataba de un tweet, pero el nombre de su autora, por más que lo busqué, no pude encontrarlo. Aún así, esas diez palabras quedaron anotadas en mi cuaderno y en mi mente con corazones alrededor, pues soy fiel creyente de que sin empatía no hay amor por el otro, por aquel que es diferente; sin amor por el otro no hay paz, y es la empatía la que se aviva al “leer al otro”. Recordé en ese momento una frase de George R.R. Martin “Un lector vive mil vidas antes de morir, mientras que aquel que no lee sólo vive una” (Martin, 2011, A Dance with Dragons), y es verdad que al leer somos más capaces de conectar con el otro narrado, intentar experimentar su vida, ¿Y qué mayor tarea y honor para un comunicador que la de intentar comprender al otro para narrarlo? Conectar a las personas a través del audiovisual se ha convertido en mi pasión, narrar historias que transformen y ablanden corazones endurecidos con la esperanza de que haya paz, es algo que me mueve.
El siguiente tema que abordamos me hizo sentir aterrizada en tierra firme, bajé de las nubes a mi cotidianidad con una breve introducción a la Netiqueta. El profesor leyó los correos que le habían sido envíados con la bitácora y se sorprendió al ver que pocos de nosotros habíamos saludado decentemente. Mis correos, por costumbre, suelen ser amigables, y no me permito dejar de saludar y desear un buen día al receptor de ellos, así que no hice parte de la sorpresa del profesor, sin embargo, sí me llamó la atención ver cómo podía hacer mi firma digital y adjuntarla a todos mis correos para dar información extra y un toque de elegancia. Además, me pareció curioso aquello de utilizar una fórmula de despedida particular en un correo para generar recordación y dar a entender a la otra persona que nos interesa y no es solo un receptor irrelevante.
“¡Los van a stalkear! Ojo a lo que suben” dijo mi profe para abrir la siguiente y última parte, que consistió en una serie de deleitantes anécdotas de personas que no cuidaron su reputación digital; una jóven perdió sus prácticas en RCN por salir en sus redes sociales con una Coca-Cola, pues RCN es patrocinado por Postobón; unos chicos de Avianca perdieron su trabajo por subir videos (nada graciosos) de cómo hacían a extranjeros decir vulgaridades; otra chica subió una foto de un Fuze-Tea cuando trabajaba para Hatsu y perdió su empleo…Estos y otros muchos jóvenes han sido víctimas de su propia trampa al publicar contenido en sus redes sociales sin pensarlo antes con cautela, en el documental “Víctimas de Facebook”, me sorprendió
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escuchar acerca de la chica alemana, Tessa, cuya casa terminó desastrosamente llena de personas tras el anuncio público que hizo de su cumpleaños número dieciséis. Ver su barrio lleno de desconocidos me causó impresión, y me hizo agradecer a mis padres por no permitirme tener redes sociales antes de los catorce y luego pedirme que mi única red social, instagram, fuese privada. No imagino tener que lidiar con la inseguridad que implica tener redes sociales públicas.
Una vez concluída la clase, me sentí llena de ánimo. Siempre había visto la lectura y la escritura como pasatiempos y la conversación como un placer necesario y fructífero, pero llegar a entender cuán importantes son para nuestra transformación como sociedad me dejó encantada. Una vez más, confirmé cuánto amo estudiar lo que estudio y me sentí retada al entender cómo funciona mi aprendizaje con la escalera. Quiero ser elegante, pues eso me da libertad, y quiero poder leer a los demás, pues sólo así aprenderé de ellos.
Referencias
Carnegie, D. (2006). Como Ganar Amigos (R. A. Jiménez, Trans.). Editorial Sudamericana S.A.
Martin, G. R. R. (2011). A Dance with Dragons. Random House Publishing Group.
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